• Carlos Agudelo Montoya

Sentir la ausencia

Pequeña colección de ausencias

Marcel René Gutiérrez Gómez

Hombre Nuevo Editores y Secretaría de Cultura Ciudadana del Municipio de Medellín

Medellín, 2010


¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada? Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde.


“Ausencia”

Jorge Luis Borges


        Marcel René Gutiérrez Gómez es un joven escritor que gracias a una beca de creación de la Alcaldía de Medellín terminó de escribir su segundo libro de cuentos: Pequeña colección de ausencias, compuesto por nueve historias que narran las vicisitudes a las que nos enfrentamos los seres humanos cuando convivimos con la soledad, el silencio, el amor perdido o el olvido que muchas veces deseamos pero que tarda en llegar. A través de una prosa sencilla introduce al lector en cada historia, que, sin trucos literarios ni efectos narrativos, tienen la fuerza de llevarlo por un viaje con un deje de tristeza que le remueve algo por dentro, un pedazo de vida que muchos buscamos esconder u olvidar.

          Decir que son cuentos tristes sería decir poco, aunque no se falta a la verdad no es suficiente para expresar las sensaciones que dejan a su paso. Es tal vez eso indefinible que nos trae la tristeza lo que tienen en común estos cuentos, que bien fueron nombrados como una pequeña colección. Los seres humanos compartimos parte de la vida con la ausencia. Lo que invita a pensar por qué utilizar la palabra ausencia en lugar de soledad. Tal vez sea porque la soledad es un hecho individual que en algunas excepciones puede vivirse sin la sombra de alguien, en cambio, la ausencia está delimitada por la falta de otro o de sí mismo. Las acepciones de ausencia van desde el estar ausente hasta sentir la falta de alguien o algo; si se piensa bien, en algún sentido, todos estamos siempre ausentes y al mismo tiempo sentimos la ausencia de otros. De modo que la ausencia es tal vez la sensación que más está presente en la vida. En psicología el término se estudia aplicado al sujeto mismo. Es decir, no se estudia la ausencia de otro, sino de uno mismo. El término también se utiliza para hablar de un sujeto que está distraído por alguna razón que afecta su ánimo y lo obliga a no prestar atención en situaciones determinadas. De estos y otros diferentes tipos de ausentes está lleno este libro de cuentos.

        “Correspondencia”, el primer cuento, narra la historia de un hombre que después de años de ausencia recibe una carta de la mujer que amó. Son explicaciones de las que él ya no quería saber nada; lo que había creído olvidado regresa a él para recordarle que no es simplemente un hombre que vive en soledad sino un hombre abandonado. Al finalizar una relación el más infeliz de los amantes es aquel que recibe la notificación del fin. En esos momentos se siente que el mundo deja de girar, la vida pierde el sentido, todo cambia… Se viven días que pasan y pasan pero en los que no se está presente. Es sólo el cuerpo quien resiste el trasegar. El abandonado está ausente de su propia vida. La otra cara de la moneda está en el último cuento del libro “Pintura para la memoria”: en él también es un hombre el abandonado, quien vive la ausencia; la historia ocurre de igual manera años después, pero su fuerza como cuento está en que el punto de vista recae sobre la mujer, la que decidió abandonar, y no sobre la tragedia del que sufre. Un día los dos se encuentran, ella al verlo materializarse después de tanto tiempo se llena de angustia, teme un reproche o un maltrato de la que se sabe culpable. No desea verlo a la cara ni que él sepa que ella está presente. Lo dejó porque sentía que con él no encontraría un futuro, y aunque verlo tocar la guitarra y cantar por algunas monedas le da la razón, no logra encontrar las fuerzas para enfrentar la situación, es él quien con bastante dignidad, como aquel que está feliz por las decisiones que ha tomado en la vida, le dice: “−¡Lastima linda, vos no lo quisiste!”

         La ausencia está presente en la vida de todos, la diferencia radica en la forma como cada uno lo asume: con el licor, con la soledad, con el odio, con el reproche, con sexo… No importa la forma como se decida enfrentarla, la ausencia duele mucho más que la soledad. No es lo mismo sentirse solo que saberse abandonado. En el primer caso surgen preguntas que están dirigidas, tal vez, hacia la forma de terminar ese estado; pero, el vacío que inunda la vida cuando no se tienen la respuestas del porqué el ser amado dejó de amar, no tiene comparación. En los cuentos de Pequeña colección de ausencias se encuentra una postura estética frente a este tema con el que debemos aprender a vivir. En la “Viuda”, por ejemplo, se lee (casi se escucha) el monólogo de la mujer que llora a su esposo muerto haciéndole preguntas que él jamás podrá contestar. “En la fila” se evidencia la forma de huir de sí mismo a través de la palabras; hablar y hablar, así no se tenga sentido ni coherencia ni destinatario fijo. Este cuento demuestra que ha sido y será siempre la palabra la que puede contrarrestar la ausencia.

         En el poema “Ausencia” de Jorge Luis Borges el hablante lírico pregunta: “¿En qué hondonada esconderé mi alma/ para que no vea tu ausencia/ que como un sol terrible, sin ocaso/ brilla definida y despiadada?” La hondonada es un espacio de terreno hondo, y ¿qué hay más hondo que la palabra? Es en ella, la palabra, donde se encuentra la respuesta a la cuestión planteada. La palabra crea el vacío pero también lo llena. A través de ella Marcel René Gutiérrez escribe estos nueve cuentos que hacen parte desde ya de las narraciones que exploran el dolor humano. Todos y cada uno de ellos develan que la vida también es triste.


Carlos Agudelo Montoya


Reseña publicada en Revista Universidad de Antioquia 305, Julio – Septiembre 2011

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