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  • Foto del escritorCarlos Agudelo Montoya

Hacer fold o del saber renunciar

  Algunos toman el póker como un vicio, otros incluso llegan a considerarlo un deporte, pero a mí me gusta asumirlo como un símil de la vida. Llegué a él por un buen amigo. La primera vez que lo vi, no sabía cómo jugarlo ni tenía idea de qué podría obtener de él. Aunque creía que debía mantenerme alejado, como un peligro del cual huir. Y para muchos lo es. En manos de un obsesivo y, además narcisista, el póker puede convertirse en la más eficaz forma de destrucción de capitales. Pero he aprendido que bien llevado es una forma entretenida de pasar el rato y, a su vez, de aprender algo sobre cómo somos y cómo son los demás.

He escuchado en varias ocasiones que la jugada más difícil de aprender es Fold, es decir, no ir o retirarse de una mano. Es posible que así sea, porque cuando se tiene mucho capital invertido en la apuesta o se cree tener la mejor mano para ganar, optar por retirarse sin nada es una decisión en la que se confronta el ego y la terrible sensación de perder. Creo que así también es en la vida, o al menos para algunos tipos de personas, como yo, tal vez.

Hay varios momentos para hacer Fold en una mano de póker. El primero es cuando recibes tus cartas, las ves y consideras que no son buenas. Pero no solo por eso se abandona una mano, es posible que cuando te llegue el turno, depende de la posición en la que estés ubicado en la mesa, decidas apostar, sobre todo si otros también lo han hecho y en ese momento, por un instante, piensas que tus feas cartas, esas con las que no seguirías en una apuesta normal, podrían tener algún chance si supones que los demás apostaron con cartas mejores que las tuyas y es posible que entre ellos tengan las mismas, lo que les quitaría las posibilidades de ganar y te da más chances a ti. Decidir apostar en este caso es un acto de fe, o mejor, de suerte; muchos lo hacen si al evaluar el costo-beneficio se perdería poco en comparación con lo que podría ganarse. He conocido a muchos que han actuado así también en su vida. Depende de cada quien, si decide ir a lo seguro o dejar su destino a la suerte.

El segundo momento de abandonar la mano es cuando alguien hace un Raise (subir), en ese caso, aunque se tengan buenas cartas es posible renunciar porque se podría arriesgar mucho y crees que el otro jugador tiene mejores cartas que las tuyas. Es como cuando decides arriesgarte con alguien a pesar de que consideras que no tienes oportunidad, pero estás de buen humor y te sientes positivo, pero luego otro también lo intenta y ves que su oferta es mejor recibida.


Después de que se abre el Flop —las tres primeras cartas comunitarias— es posible hacer de nuevo una apuesta. Puedes comparar tus cartas con las que acaban de abrirse y ver que tienes opción de ganar. Si otro jugador hace una apuesta grande, deberás considerar si tus cartas son mejores. Ahí se hace una apuesta segura. Tuviste el primer golpe de suerte y te sientes ganador. Pero si solo tienes el segundo o el tercer par de la mesa, o consideras que entre tus cartas y las comunitarias podrías ganar si en el Turn sale la carta que necesitas para completar un trío, una escalera o un color, apuestas porque sientes que, de acuerdo a las probabilidades, hay opciones de ganar aunque en ese momento es posible que vayas perdiendo. Yo he apostado con ese tipo de manos, hasta en las decisiones de la vida, así no se vaya ganando a veces se debe correr un riesgo, si es claro que no estás apostando todo lo que tienes. Porque si ese fuera el caso, tomarías una decisión que posiblemente te lleve al error, debido a que entras perdiendo y de nuevo crees más en la suerte que en la realidad que estás viviendo.

A lo anterior se le podría sumar que las cartas con las que empezaste te gustan mucho, sea porque en otras ocasiones has ganado con ellas así no se consideren las mejores o porque piensas que siempre te sonríen. En este caso hacer fold se complica más, ya que crees que si una vez salió bien, por qué no habría de ocurrir de nuevo.

Hasta el momento no has decidido retirarte y continúas en la mano, se abre la cuarta carta comunitaria y te sientes feliz porque tu proyecto aumenta en probabilidades de que se cumpla, o porque ahora sí consideras que tienes la mejor mano. Otro jugador hace una apuesta antes de ti, decide ir All in, comparas tus fichas con las de él y sabes que si pierdes podrías salir del juego o quedarías tan débil que tu salida sería inminente. Si no estás seguro de tener la mejor mano, lo ideal es hacer fold, pero depende del momento del juego, la cantidad de tiempo jugando, cómo haya sido tu noche o de lo que hayas invertido en la mano, podrías dudar en retirarte, porque si ganas obtendrías mucho. Ahí te enfrentas a una dura decisión, apostarlo todo porque podrías ganar, no estás seguro pero es una posibilidad, contra el riesgo de perderlo todo y salir del juego.

En la vida uno se detiene y analiza las posibilidades, perderlo todo es un riesgo que pocos deciden correr. Pero el ego, la obstinación o, incluso, el agotamiento ante una situación, podrían hacerte seguir adelante y al final quedarte sin nada o ganarlo todo. Ahí se identifican rasgos de la personalidad de cada jugador: unos son más arriesgados que otros, algunos piensan más en el torneo que en la mano, otros disfrutan de la emoción mientras sus opuestos siempre van por lo seguro.

Supongamos que llegas a ver el River, con esta quinta carta sabes que tienes una buena mano, que es posible que estés ganando, pero no puedes estar del todo seguro. Un contrincante apuesta y debes decidir qué hacer. Como en las situaciones anteriores depende de muchas variables tu decisión. Ya has pasado por mucho en la mano, has seguido apostando a pesar de que las probabilidades nunca estuvieron a tu favor, pero tras haber invertido tanto, decides que deseas ver el final y pagas para saber si ganaste o para ver con qué te ganó el otro. En este caso, retirarse es la decisión más difícil, ya que has creído tanto en tus cartas que decides creer en ellas hasta el final, así pierdas todo lo que tienes.

Desde el principio, en toda situación de la vida, es posible abandonar sin arriesgar nada, tampoco ganas, pero te mantienes estable. En algunas situaciones es lo más recomendable, se tomaría como una decisión sabía. Pero todos sabemos que para avanzar es necesario dejar de estar estable, así que en ocasiones decidimos apostar, sea porque consideramos que tenemos unas buenas cartas, porque estemos de buen humor o porque estamos cansados de esa estabilidad. En el póker y en la vida, si nunca juegas, poco a poco se te irá acabando el capital, porque con el pasar de las manos, de las vivencias, tus fichas se van disminuyendo hasta el punto que juegas una última mano con lo poco que te quede, y es más probable perder en esta situación que ganar y aumentar tu pozo.

En otras ocasiones la vida te hace un Bluff, pero si no estás preparado para verlo, podrías retirarte porque crees que vas perdiendo. También se hace difícil porque con la vida no tienes la posibilidad de pedirle que te muestre las cartas con las que te ganó o te engañó, es más alta la probabilidad de que te quedes sin saber qué habría pasado si continuabas jugando. También he visto que con las peores cartas posibles un jugador gana una mano. En el póker todo puede pasar, pero es más alta la posibilidad de que ganen siempre las mejores cartas del mazo. Por eso, decir fold es también una de las mejores formas de continuar jugando. El punto está en encontrar el equilibrio entre apostar y no jugar manos, sobre todo dejar a un lado las esperanzas cuando es más posible perder que ganar. Solo que en este juego y en la vida nadie tiene la fórmula exacta para ganar siempre, y a veces debemos tomar decisiones que nos llevan a dejarnos sin nada o tan débiles que sientes que pronto abandonarás el torneo. Por lo menos a mí me ha pasado en varias ocasiones, he apostado todo porque creía en mis cartas, porque tenía fe en la mano, porque veía posibilidades y un proyecto de vida, en ocasiones dije fold a tiempo, en otras me dejé llevar hasta que me quedé sin nada, solo y con la esperanza de que la próxima vez me irá mejor.


*Imagen tomada de freepik.es

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