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  • Foto del escritorCarlos Agudelo Montoya

Solidaridad intencionada

Que la solidaridad se active cuando ocurre una tragedia debería ser algo natural en la humanidad actual. El punto está que no todas las tragedias despiertan esta solidaridad y mucho menos llevan a una acción que permita superar pronto o de la mejor manera la situación trágica. Ejemplo de ello fue la rapidez con la que se recolectaron donaciones para reconstruir Notre Dame tras el incendio que padeció en 2019 y por poco la destruye en su totalidad; ahí se evidenció el gran valor que tiene la catedral para los franceses y el mundo occidental. A nivel histórico es indiscutible su valía, aunque no se llegue a un acuerdo frente a lo que esta representa: las proezas del medioevo, el poder de la iglesia católica, la superación del ingenio humano, el oscurantismo, etc.



Ahora bien, el ensayista francés Olliver Pourriol respondió con ironía a este hecho: Victor Hugo agradece a los generosos donantes prestos a salvar ‘Notre Dame de París’ y les propone hacer lo mismo con ‘Los Miserables’.  A la par o partir de allí, se han hecho críticas porque los donantes están dispuestos a salvar un monumento histórico en lugar de eliminar el hambre en el mundo. Algún agudo crítico escribió al respecto que esto es evidencia de que la pobreza es una decisión política y no un hecho social.

Hace pocos días ocurrió otra tragedia gracias a la voracidad de las llamas. Veintiocho locales comerciales —el número varía de acuerdo al medio de comunicación— ardieron en el sector más comercial de Medellín: El Hueco. Los noticieros registraron el suceso y enviaron reportemos para entrevistar a los afectados, no obstante, hasta el momento esa ha sido la única noticia. No han llegado ayudas masivas para los comerciantes afectados, ni soluciones para la cantidad de familias que pasarán un mal diciembre. La temporada de fin de año es la más esperada por los comerciantes del sector, tanto porque es una forma de nivelar ingresos como porque es el momento que más se genera empleo en la ciudad, ¿qué pasará con ellos? ¿Quién los apoyará? ¿Se reunirán los grandes empresarios, los seres más ricos del planeta o nacerán campañas para reconstruir la vida económica de tantos afectados? ¿Es más importante un monumento histórico que la realidad de cientos de seres humanos? ¿A la sociedad le preocupa más Notre Dame que “los miserables”?

Se presentarán posturas diversas, concentradas entre quienes están de acuerdo que Notre Dame es fundamental para la historia de la humanidad o que eliminar el hambre, la pobreza y ayudar a estos comerciantes y las familias afectadas debería estar por encima de la reconstrucción de un grupo de piedras. Cada quien, desde su orilla, tendrá los argumentos para sostener su postura. No obstante, la discusión podría llevarse a otro plano: ¿por qué nos es tan difícil reconocer que la sociedad occidental tiene un proyecto político en el que la desigualdad es la base de su estructura? ¿Por qué nos cuesta aceptar que hay tragedias humanas de diferentes niveles o estratos? ¿Somos ingenuos al creer que vivimos en una sociedad igualitaria, nos acostumbramos a ver los males de esta misma sociedad como algo que se borra cuando cerramos la ventana o nos gusta la existencia de esa desigualdad?

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